Las araucarias están enfermas. Desde 2016 vienen padeciendo un debilitamiento atribuido al escenario actual de cambio climático y sequía en su área de distribución natural, que se extiende entre las regiones del Biobío y de Los Ríos. Esta condición les ha provocado estrés y ha ido favoreciendo la aparición de un hongo que provoca un daño en su follaje y que, en ocasiones, termina con la muerte del árbol.
Hasta ahora, los especialistas no han logrado desarrollar un tratamiento frente a la enfermedad y existe preocupación respecto de su propagación a la mayoría de las poblaciones de araucarias del país.
En este escenario surgió un ambicioso proyecto de migración asistida de la especie, es decir, la posibilidad de favorecer su crecimiento en otras áreas libres de las amenazas que enfrentan en la actualidad. Lo lidera el equipo de mejoramiento y conservación genética del Instituto Forestal (Infor), adscrito al Ministerio de Agricultura.
Por eso, durante marzo de 2018 se llevó a cabo una campaña de recolección de semillas de 400 araucarias de distintas zonas, las que ahora se desarrollan como plantas en un vivero de CMPC en Yumbel a la espera de un lugar más propicio para su localización definitiva.
En paralelo, durante meses el bioclimatólogo de la U. de Chile, Fernando Santibáñez, elaboró mapas de proyecciones climáticas. “Hicimos un análisis del territorio donde se distribuye la especie, determinamos los límites de las distintas características climáticas que allí imperan —cuál es la temperatura más baja, la más alta, la precipitación mayor y menor— y después buscamos qué otro lugar de Chile estaba dentro de esos mismos rangos”, detalla.
La conclusión fue que por lejos el mejor lugar para su asentamiento era Aysén, especialmente la parte semicontinental, es decir, ni las islas que miran al Pacífico, ni tampoco el interior de la región, que es muy árido. “(La zona) tiene las condiciones de precipitaciones para que la araucaria pueda prosperar bien y los agentes biológicos que la atacan no sean los más adecuados, lo que la pondría a salvo de las amenazas que enfrenta hoy”.
En el vivero de Yumbel se ha logrado hacer crecer alrededor de 60 mil ejemplares, de los cuales 16 mil serán llevados a Aysén, precisa Fernando Raga, director ejecutivo de Infor. “Hoy se está analizando varias áreas candidatas, una de la Conaf y otras, propiedad de CMPC”.
La idea, dice, es comenzar a trasladarlas a la zona en octubre próximo.
La iniciativa Migración Asistida de la araucaria araucana es coordinada y financiada por el Sistema Integrado de Monitoreo de Ecosistemas Forestales Nativos (Simef), proyecto que ejecuta el Ministerio de Agricultura a través del Infor, con el apoyo de la FAO y Conaf.
Refugio natural
Con este trabajo el proyecto se adelanta al potencial escenario más complejo para la especie que, en el peor de los casos, podría llevar a su desaparición.
“Esto ya no va a ocurrir, porque a través de esta técnica de migración asistida se ha logrado salvaguardar el patrimonio genético de la especie y, además, se puede aplicar a cualquier otra especie nativa que se vea afectada o amenazada por el cambio climático”, asegura Raga.
Coincide Santibáñez: “Es como llevarlas al ambiente donde ellas vivían hace 500 mil años. Aysén es eso, y no solo para la araucaria. A futuro, a lo mejor hay que mirarlo como un refugio natural para otras especies, como el coigüe, el raulí o el lingue. Hoy no están por allá porque las temperaturas son muy bajas, pero como irán subiendo, en los próximos años sí se darán las condiciones”.
Las plantas del vivero hasta ahora no han presentado ningún signo de la enfermedad que afecta a las de los bosques del sur, destaca el consultor de la FAO Jaime Valdés, quien es coordinador del Simef. “Los signos que presentan las plántulas en su espacio de cultivo es que están todas sanas. Además, una vez en Aysén van a estar aisladas de ejemplares contiguos potencialmente infectados”.
Su traslado tampoco implicará una amenaza para la flora nativa regional, asegura. “La araucaria es una especie poco agresiva. Coloniza terrenos que son inhóspitos y que por condiciones de luminosidad y nutrientes son solo favorables para su crecimiento”.
Magnitud de la enfermedad
Las últimas estimaciones sobre el daño foliar de las araucarias indicaron que la enfermedad afecta a más del 90% de los ejemplares existentes, con distintos grados de intensidad. El número de ejemplares muertos ya alcanza a 8% del total, pero la situación podría empeorar.

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